27 marzo, 2008

11.857

Chicos, chicas, perros y jirafas: me voy de viaje a El Calafate y Ushuaia, es decir, al fin del mundo! Creo que pocas veces en mi vida estaré tan lejos de casa. Cuando esté en Ushuaia, la ciudad más al sur del planeta, me separarán de Sevilla 11.857 kilómetros! Vuelvo el próximo martes...no dejéis de escribirme con novedades, saludos o paranoias varias. Y volveré con fuerzas renovadas, que ya las siento! Ya pasó la etapa precrisis sin que la crisis cayera sobre mí (exclusivamente sobre mí, porque en Argentina hay un paro generalizado del campo que habréis visto por la tele y que amenaza con desabastecimiento de alimentos...me veo comiendo conservas, ya os contaré cómo va la cosa cuando vuelva). Así que perfecto. Dos Pilares rumbo al fin del mundo!
(Gracias Andrea y María por vuestros comentarios de ánimo)

25 marzo, 2008

mea culpa

Soy gilipollas, fui yo quien cometió el primer error de fechas y a partir de ahí acabó desbarajustándose todo. La próxima vez me lo pensaré mejor antes de empezar a maldecir en arameo. A la mierda!
(Y ahora, hablo con mi jefa y le digo que me equivocqué y salió mal la noticia? :$ )

cabreo

Me voy a la cama con un cabreo más grande que la Torre del Oro y el Obelisco de Buenos Aires. Llevo tres meses escribiendo de todo tipo de tonterías, y hasta ahora guardaba como oro en paño la entrevista que le hice a Marcos Suárez, hijo de una pareja desaparecida en la dictadura que recueró su identidad treinta años después. Propuse que lo sacáramos con el aniversario del golpe de Estado, que es hoy, y como es fiesta lo dejé preparado para publicar. Pues bien, pasando por las manos de quienes me lo han editado en la delegación de Buenos Aires y luego en la mesa central de Bogotá, han confundido las fechas y han dicho que sus padres desaparecieron antes del golpe de Estado, con lo cual no tiene ninguna lógica publicarlo hoy. Y mientras escribo estoy empezando a dudar si seré yo la que me he equivocado, como siempre dudando de mi propio criterio. Estoy de mala leche. Esas cosas se consultan.
Mi madre está en Buenos Aires y me gusta mucho más la ciudad viéndola con ella. Pero se sorprende de lo crítica que soy porque estoy todo el día poniéndola verde. Echo de menos España y chicas, creo que vuelvo en agosto, aprovechando que se casa mi primo.
Me voy a la cama enfadada con la ciudad, con la agencia y conmigo misma por enfadarme tanto por tantas cosas y por no estar siempre tan bien como debería. Por desahogarme con un ordenador. Porque tengo que madrugar mañana. Porque no puedo fumar y porque tengo tos. Por no disfrutar y por tener que disfrutar por cojones. Buenas noches y buena suerte

22 marzo, 2008

noche de viernes

Llueve como si se fuera a caer el cielo.
Buenos Aires está lleno de flores como estas. Las hizo un colombiano que un día decidió que quería plantar un jardín en plena ciudad.
(Creo que voy a volver a España por vacaciones)



19 marzo, 2008

bienvenida

Hoy la ciudad se ha tranquilizado de pronto. Buenos Aires, a pesar de la lentitud casi caribeña de sus habitantes -y sobre todo de sus camareros- es una ciudad nerviosa. Casi histérica. Y a mí, que aquí he desarrollado el sentimiento sevillano más que nunca y al mismo tiempo me he vuelto lo provinciana que nunca fui, eso me desconcierta, y es en parte el motivo de que me quede muchas tardes en casa viendo series en lugar de salir a dar una vuelta. Hasta ahora el ruido de Buenos Aires me había impedido conectar con la ciudad, a mí que me gusta tanto llamar "mi casa" a cualquier sitio donde pase más de una semana. Pero hoy la ciudad me ha dicho hola. La avenida Corrientes, que por lo común es un infierno, se ha convertido en un agradable paseo donde los baches de la calle no molestan y donde la semioscuridad en lugar de disgustar se ha convertido en una luz tenue acogedora. Esperar detrás de un grupo de personas que andaba a paso de tortuga, intentando correr pero sólo en sus cabezas, tampoco me ha molestado. No los he intentado esquivar y bajarme de la acera para adelantarlos. La música del mp3 estaba al mismo volumen que siempre pero no la tapaban las ráfagas de autobuses con motores de los años 50, y a la vez por debajo de Pastora y de Cuarteto de Nos se escuchaba lo que decía la ciudad. He comprado por tres euros un libro de tapas azules que se llama "Breve historia de los que ya no están", en el que hay una ciudad adonde van los muertos, que siguen viviendo ahí -aunque muertos- mientras los vivos los recuerdan. He perdido una hora en ver una película independiente que no me ha gustado nada y a cuyo director tengo que entrevistar mañana, pero no me he enfadado por ello. Cuando ha acabado la película, un hombre de doscientos años me ha hablado en un idioma que no entendía. Era castellano, sin duda, pero creo que ni él mismo era capaz de entender lo que decía, aunque los dos entendíamos la tristeza que había bajo sus gafas de concha y la incomodidad -no por la situación sino por no poder hacer nada contra esa tristeza- que había en mi mirada hasta que me he despedido con una excusa. Iba a cenar ensalada en el bar que hay bajo mi casa pero no había ensalada. He vuelto a la primera esquina que vi la primera noche que pasé en Buenos Aires, al lado del albergue (la misma esquina donde hay una cafetería cuyo camarero me vio llamar a mi madre por el Skype y llorar durante una hora), y ha sido durante diez segundos sólo para mí, porque no ha pasado ni un coche, ni una persona. La gente me ha mirado mucho, como siempre aquí, pero de manera distinta, y me ha gustado ver lo que veían. Buenos Aires ha tenido un momento y una manera extrañas de darme la bienvenida, pero le devuelvo el saludo.