22 noviembre, 2009
17 noviembre, 2009
alucinando en westminster
En el crucero de la abadía de Westminster hay unas sillas desde las que se pueden pasar las horas muertas sólo viendo los cambios de luz. Cuando las nubes se apartan (algo poco frecuente en Londres pero con lo que siempre me encuentro cuando vengo) parece en serio que Dios entrara en la iglesia. El rosetón central brilla con sus mil colores de los santos de las vidrieras y a la derecha entran los rayos por las ventanas de la nave, idénticas y alineadas bajo los nervios de piedra que forman infinitos arcos.
No sé por qué, pero siempre que entro a una iglesia así tengo la misma sensación que cuando uno siente que acaba de enamorarse, por muy cursi que suene.
El techo de la capilla de Enrique VII es alucinante. Es como encaje hecho en piedra. Y aquí, en un lugar que la audioguía llama "una de las maravillas del mundo", podemos encontrar en sus vidrieras...la bandera de Estados Unidos! No me lo podía creer, allí estaba con sus barras y sus estrellas. Le pregunté a uno de los "guardianes" de la abadía, y me explicó que en las vidrieras de la capilla aparecen como metáforas de las asociaciones que ayudan a mantenerla (que con las 15 libras que cobran de entrada y el patrimonio de la iglesia anglicana, ya podían vivir sin becas). Luego miré mejor y vi que efectivamente así era, y había una inscripción en hebreo (paradoja), un sello de la YMCA...en general estaba bastante bien disimulado. Pero no pude dejar de preguntarme qué pasará si algún día McDonald's o Nike deciden ser sus benefactores. No estamos lejos de sustituir a San Judas por el payaso Ronald, según parece.
Me pregunté cuántos de los píos cristianos enterrados allí serían unos hijosdeputa y están descansando en suelo sagrado. Hay algunas tumbas o placas homenaje bastante curiosas, como la de Edmond Halley, el del cometa.
Aunque la que más me intrigó fue la del soldado desconocido, que fue repatriado desde Francia en la primera guerra mundial que hoy le rinden homenaje mandatarios de todo el mundo. La reina madre le ofreció su ramo de flores en su boda, y en su entierro su hija Isabel le ofreció la corona funeraria. Me pregunto si cuando murió sabría si sería el muerto más prestigioso del cementerio. Y si le importaría un carajo.
No sé por qué, pero siempre que entro a una iglesia así tengo la misma sensación que cuando uno siente que acaba de enamorarse, por muy cursi que suene.
El techo de la capilla de Enrique VII es alucinante. Es como encaje hecho en piedra. Y aquí, en un lugar que la audioguía llama "una de las maravillas del mundo", podemos encontrar en sus vidrieras...la bandera de Estados Unidos! No me lo podía creer, allí estaba con sus barras y sus estrellas. Le pregunté a uno de los "guardianes" de la abadía, y me explicó que en las vidrieras de la capilla aparecen como metáforas de las asociaciones que ayudan a mantenerla (que con las 15 libras que cobran de entrada y el patrimonio de la iglesia anglicana, ya podían vivir sin becas). Luego miré mejor y vi que efectivamente así era, y había una inscripción en hebreo (paradoja), un sello de la YMCA...en general estaba bastante bien disimulado. Pero no pude dejar de preguntarme qué pasará si algún día McDonald's o Nike deciden ser sus benefactores. No estamos lejos de sustituir a San Judas por el payaso Ronald, según parece.
Me pregunté cuántos de los píos cristianos enterrados allí serían unos hijosdeputa y están descansando en suelo sagrado. Hay algunas tumbas o placas homenaje bastante curiosas, como la de Edmond Halley, el del cometa.
13 noviembre, 2009
el puente de londres se cae
Le tengo cariño a Londres porque vine por primera vez con catorce años en un viaje organizado por mí con gente mucho más mayor -unos madurísimos 16 y 17- y conseguí que viéramos casi todo en un día. Más orgullosa que estaba yo...
En mi academia, la CEB -Irene, qué tardes!- los nombres de las clases eran las de las paradas de metro. Así que cuando paso por Oxford Circus siempre me acuerdo de que allí me preparé el Advance. O quizás fuera ese inservible PET sacaduros.
El Támesis me recuerda esa carilla del final de Benny Hill que ponía "Thames" y salía un edificio que no sé si era el Banco de Inglaterra, con la musiquilla tir¡oririuuuuuu.
La gente va como loca por las aceras, llueve sin parar -aunque, como siempre, ayer me recibió un tiempo espléndido y un cielo azul- y si no te pones a la derecha en las escaleras mecánicas del metro te ladran, pero me gusta Londres.
(Promesa inclumplida desde el hostel St.Christopher's Inn, que también es discoteca)
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