Pagamos 11 euros por cabeza a un moro llamado Yosef por enseñarnos que no nos teníamos que parar con nadie más y que con mi careto blanco no me iban a cobrar menos de 10 euros por dos porros (es cierto que tiene la ventaja de no haber cruzado el Estrecho en algún orificio corporal del camello de turno, pero la verdad, no soy tan sibarita).
Llama la atención, además, que las partes turísticas de los dos pueblos han sido rehabilitadas por la Junta de Andalucía...que sin embargo poco ha hecho -y si lo ha hecho poco se nota- fuera del "refugio" de los españolitos que van allí a "ponerse en contacto con la realidad del Tercer Mundo".
Y además, noche con TVE, té moruno con cigarro en la mano y miradas desaprobadoras de tres jóvenes que veían la versión marroquí del destape español, tres horas de ida en un autobús europeo y otras tres de vuelta en un autobús marroquí de Transportes "La Ideal" con variación de estados de ánimo, risas de niñas marroquíes a nuestro paso, maruja irritante de compañera de viaje, fritura de pescado para dos, preguntas por los alquileres a un guía vetado en las mezquitas por mal musulmán y noche en una pensión de Algeciras.
Pocas fotos de posturistas y algunas fotos guayistas robadas a los morunos.
Una reflexión: si vas por medio del Estrecho sentado en la proa de un ferry que se mueve a lo bestia por el temporal y te acurrucas y piensas que estás agusto y que el viaje es como montarse gratis en los rápidos de Isla Mágica...eso debe ser amor.
Para contarte, canto, quiero que sepas cuánto me haces bien, me haces bien, me haces bien...